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miércoles, 28 de octubre de 2015

Autobiografía variable



Inútil de arrebatos y corduras,
sin caricias de la luz ni de la noche,
rondando candiles sin amparo.

Fugitivo del ahora, no cautivo urbanidades,
un matiz de sol en tus iris tan adustos:
recuerdo que pactaban y mis párpados
se agrietaban de tristeza al crepúsculo,
indagando soñoliento como brisa
el barranco ciego donde penan
un enredo de nostalgias,
de rumor, saliva azul y pétalo.

No dispongo del incienso, del momento
de los labios sumergidos e insolentes,
cicatrizo la blancura de tu boca apagada,
un ensueño con ternura acunado con el beso:
amapola abierta, floración que me prestaba
soplos de azahares satisfechos, en la curva
soñolienta de un farol inesperado
perfumando de penumbra los deseos.

Evoco el talle de tus dedos descubiertos.
Febril, en este cuerpo desatento
que decae, siento el riachuelo
de aquel surco que trazaste
en la úlcera de mi piel obedecida,
piadosa para el cauce de tu nube.

Examino el camino patinando
en tu agua entre mis musgos,
bebiendo la sequía del adiós
senderado en tus muslos que no olvidan.

Me declinas con conjuro y un destierro,
el abismo desarropa la añoranza;
en la tarde desfallecen
certezas, nimbos y miradas.

Cada aliento es el humo que divaga
arribando una fuga sosegada
hasta serenar en mí, romero de tu piel
del túnel a la gruta donde estalla.